La
ocupación de Iraq ha ensombrecido lo que está haciendo el imperialismo
estadounidense en la guerra de Afganistán, pero los disturbios que
estallaron en Kabul el 29 de mayo han despertado la atención de todo el
mundo sobre lo que realmente está ocurriendo allí.
Lo que inició el incidente fue un accidente en el que estaba
implicado un vehículo militar norteamericano y varios coches civiles de
los alrededores de Kabul. Según algunos informes de la televisión
afgana, murieron unas 30 personas y más de 60 resultaron heridas.
También hubo noticias de que las tropas norteamericanas dispararon
contra una multitud desarmada.
Fue el peor estallido de violencia en Kabul desde que echaron a
los talibanes hace cinco años. En un intento de calmar los crecientes
sentimientos anti-estadounidenses entre la población afgana, la
embajada de EEUU ha prometido pagar una compensación a las familias de
los muertos, pero esto no tendrá ningún efecto porque el problema va
más allá de la cuestión del propio accidente.
Esta erupción de violencia no se puede explicar simplemente por el
accidente de carretera. Esto simplemente ilustra el ambiente real que
se está desarrollando en Afganistán. Subraya el hecho de que
Afganistán, como Iraq, es un país bajo ocupación extranjera. Ninguna
cantidad de propaganda por parte del gobierno norteamericano y sus
aliados puede ocultar el hecho de que la población de Afganistán no
quiere a tropas extranjeras en su país.
EEUU y sus aliados dicen que iban a Afganistán a garantizar a su
pueblo la democracia y el progreso. Pero por ahora la población ha
visto muy poco de esto. El “parlamento” afgano está formado por 240
parlamentarios. Según algunas fuentes, 200 de ellos tienen su propio
ejército privado. Así que lejos de ser una institución democrática
representativa, este parlamento es simplemente una reunión de hombres
con poder real sobre el terreno, aquellos que están al mando de las
milicias locales. Mientras tanto, el presidente Karzai, sigue en el
poder sólo gracias a la protección de las tropas norteamericanas. Sin
ellas sólo sería un hombre muerto.
El comportamiento de las tropas norteamericanas también es un
factor que contribuye al creciente resentimiento de la población hacia
ellas. Aparentemente este último accidente no es algo raro, ¡todo lo
contrario! Muchos conductores en Afganistán pueden contar historias de
cómo los vehículos militares norteamericanos a menudo conducen sin
preocuparse por la población local. Las otras tropas extranjeras
aparentemente no lo hacen mucho mejor.
Entrevistaban a un taxista que decía: “Si la opresión
estadounidense de la población corriente es de esta manera, tendremos
que unirnos todos de nuevo a los talibanes para echarles”. Este
comentario revela la profundidad del resentimiento. El régimen de los
talibanes era terriblemente brutal, pero este comportamiento de las
tropas imperialistas está llevando a que algunas personas incluso estén
comenzando a tener una opinión mejor de los talibanes.
El “gobierno” no ha hecho nada para mejorar la vida de los afganos
durante los últimos cuatro años. En lugar de mejorar las cosas, la
población siente que las cosas van a peor y esto es lo que está detrás
de este reciente estallido de furia popular. El número de parados está
creciendo y parece que no hay perspectiva de que se creen nuevos
empleos. Comenzando la furia ante el comportamiento de las tropas
extranjeras, la gente ha empezado a expresar su oposición al gobierno
actual.
El comportamiento de la “policía” afgana durante este último
incidente demuestra la debilidad del régimen actual. Subraya el hecho
de que sin las tropas extranjeras el gobierno no duraría ni un solo
día. Muchos policías en realidad mostraron simpatías hacia los
manifestantes y se negaron a actuar contra ellos. En algunos casos se
quitaron los uniformes y se unieron a los manifestantes gritando
insultos contra el presidente Hamed Karzai.
Los analistas fieles al régimen están ahora ocupados intentando
teorías conspirativas. Según estas teorías el disturbio no fue
espontáneo, sino que fue cuidadosamente orquestado por fuerzas
políticas como el Jamiat-e-Islami. Si es verdad o mentira no lo podemos
decir. Pero incluso si fuera cierto, ¿cómo explican ellos la naturaleza
tan extensa de la rebelión? Si estuvo organizada, entonces todo lo que
podemos decir es que los organizadores utilizaron el ambiente real de
resentimiento que existe entre la población. “Muerte a Karzai” y
“Muerte a EEUU” era lo que se puede escuchar en las manifestaciones que
crecen en número y que intentaron llegar a la embajada de EEUU.
La respuesta del gobierno fue imponer el toque de queda en Kabul,
desde las diez de la noche hasta las cuatro de la mañana, por primera
vez desde la caída de los talibanes. Pero el 30 de mayo por la mañana
reinaba una aparente “calma” en Kabul y los tanques estaban
posicionados cerca de los lugares donde se registraron los peores
disturbios. Esta calma, sin embargo, no engaña a nadie y muchas
personas están preguntándose cuando estallará el próximo disturbio.
Esta es la situación en Kabul pero mientas, lejos de la capital,
hay un creciente resurgimiento de las actividades de los talibanes. En
el sur del país los ataques talibán sobre tropas estadounidenses y
extranjeras están aumentando.
El año pasado fue el peor para las tropas norteamericanas y los
ataques de los talibanes son los más altos desde 2001, cuando cayó el
régimen talibán, y ya este año han muerto 25 soldados norteamericanos
en Afganistán, cantidad pequeña si se compara con Iraq pero que sigue
aumentando.
El número de combatientes talibán está aumentando y en algunas
zonas está aumentando la simpatía hacia ellos entre la población. Lo
que está ocurriendo en la ciudad sureña de Ghazni, en el distrito de
Andar, es sintomático. En las zunas rurales la autoridad real ha caído
en manos de los talibanes. Aparentemente patrullando libremente la zona
y en los últimos dos años han conseguido reestablecer una posición
donde pueden fácilmente encontrar refugio en las aldeas locales.
Esto a pesar de los bombardeos y la presencia de 20.000 soldados
norteamericanos, junto con fuerzas de Gran Bretaña, Canadá, Italia,
Australia y otros países, el imperialismo cada vez tiene más
dificultades para controlar el país. Esto demuestra claramente que no
puedes someter a la población con la fuerza pura de las armas. El
ejército norteamericano es el más poderoso del mundo. Tiene a su
disposición las armas más destructivas conocidas jamás por la
humanidad, y aún así, no pueden pacificar y “normalizar” un pequeño y
extremadamente subdesarrollado país como es Afganistán.
En 2001, tras la caída de Kabul, publicamos un artículo titulado:
Afganistán tras la caída de Kabul: ¿La guerra ha terminado? Escrito por
Alan Woods. En aquel momento, los medios de comunicación estaban
repletos de historias sobre el final de los talibanes. Afganistán se
convertiría en una democracia estable apoyada por EEUU y otras tropas
occidentales. Por supuesto era simple propaganda que ignoraba la
situación real dentro de Afganistán, Alan Woods escribía lo siguiente:
“La rapidez del colapso de la defensa de los talibanes y la
facilidad con la que la Alianza del Norte ha entrado en Kabul, han
llevado a muchos a concluir que la guerra ha terminado y que los
talibanes están acabados. Esta es una malinterpretación seria de la
situación…”.
Y continuaba diciendo:
“Los talibanes han perdido su control del poder, pero no su
potencial para hacer la guerra. Están muy familiarizados con la guerra
de guerrillas en las montañas. Lo hicieron antes y pueden hacerlo de
nuevo. En el norte, están luchando en un territorio ajeno y hostil.
Pero en las aldeas y montañas de la zona pastún están como en su propia
casa. La perspectiva que se abre es la de una prolongada guerra de
guerrillas que puede durar años”.
Las últimas noticias confirman este análisis. Ahora los problemas
a los que se está enfrentando EEUU en Afganistán se suman a los que
sufre en Iraq. Todo esto está teniendo un impacto creciente impacto
sobre la “opinión pública” en EEUU, donde la mayoría de la población
ahora está contra la guerra y le gustaría ver el regreso de las tropas.
La verdadera naturaleza de las operaciones militares norteamericanas en
Afganistán e Iraq cada vez está más claras según pasas los días. Eso
confirma lo que Trotsky dijo sobre EEUU cuando hacía referencia al
gigante con pies de barro. Los pies pueden desmoronarse en cualquier
momento revelando las verdaderas contradicciones de clases que se han
desarrollado internacionalmente y dentro de las fronteras de los
propios EEUU.
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