Las elecciones presidenciales de diciembre son un punto de inflexión
importante en el desarrollo de la Revolución Venezolana. Reflejan la
lucha entre los trabajadores y campesinos venezolanos, y la oligarquía
y el imperialismo. Nuestra actitud hacia estas elecciones es por tanto
una cuestión clave.
El marxismo no tiene nada en común con el anarquismo. Nunca hemos
negado la importancia de la lucha electoral como parte de la lucha de
clases. Para las masas la cuestión es muy clara: el voto a Chávez es el
voto por la revolución. Por otro lado, la oligarquía y el imperialismo
están haciendo todo lo que está en su poder para conseguir la derrota
de Chávez. En el fondo, es una cuestión de clase y debemos ocupar
nuestro lugar al lado de los trabajadores y campesinos revolucionarios
luchando contra el imperialismo y la oligarquía.
Las fuerzas contrarrevolucionarias ya han comenzado una campaña
para desacreditar las elecciones. Utilizarán todos los medios a su
disposición para socavarlas: soborno, corrupción, calumnia, mentiras y
todo tipo de sabotajes. Tendrán a su disposición recursos
considerables: la riqueza de la oligarquía, la tecnología de la CIA, el
apoyo de la embajada de EEUU, la prensa amarilla y el resto de los
medios de comunicación prostituidos.
Por otro lado, tenemos el espíritu revolucionario, el coraje y la
dedicación de millones de trabajadores, campesinos y pobres urbanos
venezolanos, la juventud revolucionaria, los sectores revolucionarios
del ejército y los artistas e intelectualidad progresista, en pocas
palabras, todas las fuerzas vivas de la sociedad venezolana, apoyadas
por las masas explotadas de América Latina y la clase obrera de todo el
mundo.
Los trabajadores y campesinos están luchando para transformar la
sociedad. Se han hecho grandes avances, pero el objetivo final no se ha
alcanzado. El poder de la oligarquía todavía no se ha roto. En la
medida que esto siga así, la revolución no puede ser irreversible y
estará bajo constante amenaza.
Elecciones y lucha de clases
La lucha electoral es parte de la lucha de clases. Aunque las
cuestiones decisivas siempre se deciden en última instancia fuera del
parlamento en las fábricas, en las calles, en la tierra y en los
barracones, la lucha electoral es un medio mediante el cual las
fuerzas revolucionarias pueden ser movilizadas y medir su fuerza contra
la contrarrevolución.
La lucha electoral jugó un papel muy importante en la movilización
de los trabajadores y campesinos venezolanos después de la masacre del
Caracazo. Cada victoria en el frente electoral (incluido el referéndum
revocatorio de agosto de 2004) ha fortalecido objetivamente la
tendencia revolucionaria y debilitado la tendencia
contrarrevolucionaria. Ha ayudado a derrotar y desmoralizar las fuerzas
de la reacción y crear unas condiciones más favorables para llevar a
cabo la revolución socialista.
En la Revolución Rusa de 1917, la existencia de los soviets
órganos revolucionarios de poder obrero significó que el elemento
parlamentario jugó un papel secundario. Cuando finalmente se reunió la
Asamblea Constituyente (después de que la clase obrera hubiera tomado
el poder a través de los soviets), ésta ya había agotado cualquier
potencial histórico progresista que pudiera tener y pronto fue
dispersada por los soviets dirigidos por los bolcheviques.
Sin embargo, de ninguna manera excluyó que la Revolución Rusa
pasara por una fase de parlamentarismo, como lo hizo la Gran Revolución
Francesa de 1789-1793. La revolución venezolana ha seguido un camino
que es más similar al de la Revolución Francesa que al de la Revolución
Rusa. Los elementos de poder obrero existen en las fábricas ocupadas y
en el movimiento hacia el control obrero pero por ahora existe sólo en
un estado embrionario. Esto significa que el frente electoral
continuará ocupando una posición central.
Los marxistas revolucionarios apoyamos con entusiasmo la
reelección de Chávez, pero al mismo tiempo estamos luchando por llevar
adelante la revolución hasta el final. Una victoria decisiva en las
elecciones de diciembre debe ser seguida por medidas decisivas para
desarmar la contrarrevolución y expropiar a la oligarquía. Sólo de esta
manera la revolución puede ser irreversible.
La lucha electoral, aunque importante, no puede resolver la
cuestión central del poder. Puede crear condiciones favorables para
llevar a cabo la revolución. Pero en última instancia, la lucha por el
poder no se resolverá con discursos y resoluciones en el parlamento. La
oligarquía nunca entregará su poder y privilegios sin una lucha feroz.
Cerrar los ojos ante esta realidad sería la mayor irresponsabilidad y
un crimen contra la revolución.
La burguesía y la “legalidad”
Nos dicen que debemos respetar la ley. ¿Pero cuál es la actitud
de la oligarquía hacia la legalidad? Los terratenientes y capitalistas
hablan constantemente sobre “democracia” pero en realidad sólo apoyan
la “democracia” en la medida que representa sus intereses de clase.
Pero cuando las elecciones sitúan a un gobierno que no representa los
intereses de los ricos y poderosos, cuando intenta defender los
intereses de los pobres y explotados, entonces la oligarquía se vuelve
contra la democracia y recurre a la actividad extraparlamentaria, el
sabotaje, los asesinatos y los golpes de estado.
En 2002 estos “demócratas” organizaron un golpe de estado contra
el gobierno elegido democráticamente. Sólo el movimiento revolucionario
de las masas salvó la revolución. Pocos meses después organizaron el
cierre patronal y el sabotaje de la empresa petrolera, PDVSA, que puso
a la economía a sus rodillas. Una vez más, sólo la clase obrera salvó
la situación amenazando con ocupar las fábricas y gestionando la
industria petrolera bajo el control de los trabajadores.
El referéndum revocatorio fue otro intento de desestabilizar el
país y utilizar la Constitución Bolivariana para derrocar al gobierno.
Por supuesto, lo primero que habrían hecho si hubieran triunfado es
abolir el derecho de revocación junto con el resto de la Constitución
Bolivariana. Una vez más, fue el infalible instinto revolucionario de
las masas lo que salvó la situación.
Finalmente, en diciembre de 2005, la oposición boicoteó las
elecciones legislativas, cuando fue consciente de que obtendría unos
resultados ridículos. Con esta acción declararon efectivamente la
guerra a la democracia. Arrojaron el guante al pueblo de Venezuela.
Dijeron: no importa a quién votéis, no importa quién salga elegido,
nosotros pretendemos mantener nuestro poder y privilegios, lucharemos
para defenderlos a muerte.
De este modo, a cada etapa decisiva de la revolución, la
oligarquía ha demostrado su total desprecio por todas las normas
democráticas, parlamentarias y legales. Han recurrido consistentemente
a métodos extraparlamentarios para derrocar al gobierno elegido por el
pueblo. Este es un hecho que no se puede negar. Debemos extraer las
conclusiones necesarias. Para avanzar la revolución debe defenderse
contra la agitación y agresión ilegal y extraparlamentaria de la
oligarquía contrarrevolucionaria. Sólo hay un camino para hacer esto:
la oligarquía debe ser derrotada, desarmada y expropiada. Eso es decir,
la lucha para ganar la Segunda Batalla de Santa Inés debe estar clara y
firmemente vinculada con la lucha por el socialismo.
La Revolución Bolivariana ha dado gigantescas zancadas hacia
adelante, pero todavía no ha resuelto los problemas fundamentales. Los
principales desafíos a los que se enfrenta la revolución son los
siguientes:
1) La cuestión de la economía
2) La cuestión del estado
3) La ausencia de una expresión organizada del movimiento revolucionario
4) El armamento del pueblo
La economía
Después de una victoria decisiva en las elecciones
presidenciales, el movimiento bolivariano disfrutará de una posición
dominante en la Asamblea Nacional y en cada uno de los niveles del
gobierno. Por tanto, no habrá excusa para no adoptar medidas decisivas
contra la oligarquía, que todavía posee y controla los puntos claves de
la economía nacional. A menos que se rectifique esto, no se puede
hablar de socialismo o revolución y la República Bolivariana siempre
estará en peligro. La oligarquía siempre utilizará su control de la
banca y las finanzas (el 80 por ciento en manos de multinacionales
españolas), la distribución de alimentos (en manos de dos grupos
monopolistas), las telecomunicaciones (en manos de tres o cuatro grupos
multinacionales), los medios de comunicación (controlados por cuatro
poderosos monopolios), etc., para sabotear la economía. A pesar de las
medidas iniciales de la reforma agraria, la aplastante mayoría de la
tierra fértil sigue en manos de un puñado de terratenientes.
La Asamblea Nacional debe introducir una ley que permita expropiar
la tierra, los bancos, las sociedades financieras y todas las
principales industrias bajo el control y administración de los
trabajadores. Esta es la condición previa para la introducción de un
plan de producción socialista y democrático. Toda la riqueza de
Venezuela, en primer lugar sus vastos recursos humanos inutilizados,
puede ser movilizada y ponerlo a trabajar en la construcción de casas,
escuelas y hospitales que son necesarios. Esta es la única manera de
situar la revolución sobre bases firmes y hacerla irreversible. Todas
las otras propuestas son simples palabras reformistas que no resuelven
nada y terminan en una crisis.
Una verdadera economía planificada socialista no tiene nada en
común con el estado burocrático totalitario que existía en la Rusia
estalinista. La primera está basada en la participación democrática y
el control de la economía a todos los niveles por parte de los propios
trabajadores, incluidos los científicos, ingenieros, agrónomos,
planificadores, arquitectos y economistas. Liberada de la dictadura del
beneficio privado, la economía se expandirá a un ritmo sin precedentes.
El desempleo desaparecería y se pondrían las bases para un aumento
general de los niveles de vida.
Si la economía se expande y las condiciones de las masas mejoran,
será posible conseguir una reducción general de las horas de trabajo
sin perjudicar a la productividad. Bajo el capitalismo, la introducción
de nueva maquinaria y tecnología no lleva a la reducción de la jornada
laboral, sino todo lo contrario, hacia una continúa expansión de las
horas de trabajo y el aumento constante de la carga de trabajo. En una
economía socialista planificada, la aplicación generalizada de la nueva
tecnología llevará a una reducción de las horas de trabajo, que es la
condición previa para la participación de las masas en la
administración de la industria, el estado y en el arte, la ciencia y la
cultura. Estas, y no otras, son las bases materiales reales sobre las
que se construirá el socialismo del siglo XXI.
El Estado
Después de casi ocho años de gobierno bolivariano, el aparato del
Estado permanece en un estado lamentable. Una verdadera revolución no
puede simplemente tomar el estado existente y utilizarlo para el
propósito revolucionario. El viejo estado de la IV República era un
estado diseñado para defender el status quo y los intereses de los
explotadores, un estado capitalista. Se basaba en la corrupción y la
violencia contra el pueblo, una vasto monstruo burocrático sirviendo a
los intereses de los ricos y poderosos.
Ese fue el estado que tomó la Revolución Bolivariana. ¿Qué ha
cambiado? Algunos de los peores elementos se han purgado y hay algunos
ministros y funcionarios bolivarianos honrados que están intentando
llevar adelante los deseos de la población. Pero en cada ministerio hay
muchas personas que llevan una camiseta roja pero que son enemigos de
la revolución y trabajan contra ella. La corrupción y el abuso están
extendidos y la influencia de los elementos contrarrevolucionarios es
una amenaza constante para la revolución.
Para triunfar, la revolución no puede basarse en este Estado, debe
crear un nuevo estado a su propia imagen, un estado obrero en la línea
de la Comuna de París o la república obrera democrática establecida por
los bolcheviques en Rusia antes de que fuera destruida por Stalin y la
burocracia. Este Estado estaría bajo el control democrático de los
trabajadores, con salarios estrictamente limitados a no más del salario
de un trabajador cualificado.
Todos los funcionarios deberían ser elegidos y sometidos a la
revocación instantánea si no cumplen los deseos del pueblo. Sólo de
esta forma se puede extirpar el cáncer de la burocracia del cuerpo de
la revolución y establecer las condiciones para la participación del
conjunto de la población en la administración de la industria, la
sociedad y el Estado, sin la cual el socialismo es sólo una palabra
vacía.
La necesidad de una expresión organizada del movimiento revolucionario
Sin organización la revolución no puede triunfar. Las masas
tienen un tremendo poder en sus manos, pero este poder debe ser
organizado y dirigido hacia el objetivo central. Sin esto, será sólo un
simple potencial sin contenido real. Se disipará en el aire como el
vapor, que se convierte en energía sólo cuando se concentra en una caja
de pistones.
En Venezuela hoy millones de trabajadores están organizados en
decenas de miles de organizaciones, comités agrarios, Círculos
Bolivarianos, asambleas revolucionarias, sindicados de lucha de clases,
comisiones de agua, organizaciones de cuidado sanitario, misiones,
etc., Pero están atomizados y aislados. No hay un órgano nacional en el
que estén representados y a través del cual la experiencia de las masas
en la lucha pueda ser compartida y generalizada. Los partidos políticos
bolivarianos representados en el parlamento son considerados en general
como simples maquinarias electorales, que no responden ante el pueblo
revolucionario y lleno de arribistas y elementos reformistas.
Las próximas elecciones nos brindan una gran oportunidad de
perfeccionar las organizaciones revolucionarias de las masas. Las
Unidades de Batalla Electoral por el Socialismo deben crearse en cada
fábrica, barracón, escuela y barrio, vincularlas a nivel local,
regional y nacional a través de la elección de delegados revocables. En
esta Asamblea Nacional Revolucionaria todas las diferentes tendencias e
ideas que existen dentro del movimiento bolivariano se podrían expresar
y someter sus propuestas a la decisión democrática del movimiento
revolucionario organizado.
A cada nivel es necesario promover el establecimiento de
organizaciones revolucionarias democráticas que unan a los
trabajadores, campesinos, mujeres, jóvenes y soldados revolucionarios.
Estas organizaciones revolucionarias de masas (el equivalente de los
soviets en la Rusia revolucionaria) comenzarán por organizar la lucha
revolucionaria, pero inevitablemente terminará tomando el poder el sus
propias manos. Ellas son el embrión de la nueva sociedad que se está
formando dentro del útero de la vieja.
El establecimiento de estas organizaciones es una cuestión clave
para la revolución y es esencial para su éxito. Ellas deben vincularse
a nivel local, regional y finalmente, a nivel nacional. Esta es la
tarea más urgente a la que nos enfrentamos.
Sobre todo, es necesario presionar para la creación de genuinas
organizaciones proletarias. La UNT debe unirse y fortalecerse como la
organización básica de la clase y la vanguardia de la revolución. Se ha
malgastado ya mucho tiempo en peleas internas. La UNT debe comenzar a
actuar como un verdadero sindicato revolucionario, no como una
tertulia. Tomando la propuesta de Chávez, se debe hacer inmediatamente
un plan para cada empresa abandonada o ruinosa y poner bajo el control
obrero.
Además de la UNT, está el movimiento de fábricas ocupadas
(Freteco). Éste está jugando un papel clave en unir y movilizar a los
trabajadores en las fábricas ocupadas. Esta es la vanguardia del
movimiento revolucionario y se debería desarrollar y extender a cada
región del país.
¡Armar al pueblo!
Los imperialistas están observando de cerca los acontecimientos
en Venezuela. Comprenden que una victoria de Chávez en las elecciones
presidenciales supone una amenaza para ellos, no sólo en Venezuela sino
en toda América Latina.
Washington intentará por todos los medios asegurar el
derrocamiento del presidente Chávez, incluido el asesinato. Es verdad
que por ahora están atrapados en el pantano de Iraq y esto hace
extremadamente difícil una intervención militar directa de EEUU. Pero
no se debe excluir que, en desesperación, puedan hacer algún tipo de
intervención, probablemente utilizando lo servicios de mercenarios o
fascistas desde Colombia. La amenaza es muy real y debemos estar
preparados.
Este es particularmente el caso en el campo, donde los
terratenientes ya están creando grupos paramilitares para defender sus
propiedades contra la reforma agraria. Más de cien activistas
campesinos han muerto en enfrentamientos relacionados con la reforma
agraria. Esta es una guerra civil desigual en el campo que debe ser
combatida con la formación de comités democráticos armados de
autodefensa bajo el control de las organizaciones campesinas.
Un pueblo que no está preparado para defenderse con las armas en
la mano merece ser esclavo. El presidente Chávez ha dicho en muchas
ocasiones que el pueblo de Venezuela no quiere la guerra pero que
luchará para defender su revolución contra cualquier agresor
extranjero. La creación de guardias de reserva y territoriales es un
intento de armar la revolución contra la amenaza de la intervención
extranjera. Los marxistas dan la bienvenida a este paso y apoyarán
todos los esfuerzos destinados a defender la revolución.
La UNT debería participar en este esfuerzo creando unidades de
defensa de trabajadores en cada centro de trabajo organizadas por las
asambleas de masas de trabajadores y responsables de ellas. Cada
trabajador, campesino y estudiante debe aprender a utilizar las armas.
La historia de la revolución demuestra que las masas son los únicos
defensores consistentes de la revolución. Se deberían crear escuelas
especiales de formación de cuadros militares entre los trabajadores y
campesinos. Hay muchos oficiales revolucionarios en el ejército que
pueden formar y entrenar a los trabajadores en las habilidades
militares.
Los reformistas dicen que estas cosas sólo provocarán a los
imperialistas y aumentarán el peligro de invasión. ¡Todo lo contrario!
Cuantos más trabajadores aprendan a cómo utilizar las armas, cuanto más
amplias capas de la población participen en la tarea de la formación
militar, mayor la fuerza de disuasión para los agresores imperialistas
y mayor la oportunidad de un resultado pacífico. Nuestra consigna debe
ser la de la República romana: “Si pacem vis, para bellum” (Si quieres
la paz prepárate para la guerra).
¡Por una política internacionalista!
Una revolución que habla en nombre de Simón Bolívar debe luchar
para llevar a cabo el programa de Bolívar, la unificación
revolucionaria de América Latina. Pero en las condiciones modernas esto
sólo se puede conseguir a través de una Federación Socialista de
América latina. Se debería hacer un llamamiento a todos los pueblos de
América Latina y el mundo para que sigan el camino revolucionario de
Venezuela.
Están los que dicen que la revolución ya ha ido lo suficientemente
lejos, que es el momento de hacer un alto. Ese no es el espíritu que
motivaba a Simón Bolívar y sus seguidores. Ellos no temían desafiar a
las mayores potencias sobre el planeta, incluso aunque comenzaran con
un minúsculo grupo.
No es suficiente con proclamar la revolución: la revolución debe
pasar de las palabras a los hechos, de otra manera, llevará al
escepticismo y la apatía, creando las condiciones para la
contrarrevolución. La revolución no puede detenerse o será derrotada.
Debe marchar audazmente hacia delante, conquistando una posición tras
otra.
No es suficiente con hablar sobre socialismo, mientras la tierra y
los bancos sigan en manos de los terratenientes y capitalistas. Es
necesario acabar con lo que se ha empezado. Una dirección
revolucionaria que no está preparada para llegar hasta el final está
condenada a jugar un papel fatal. En ese caso, sería mejor no haber
empezado a revolución en primer lugar.
En última instancia, el futuro de la revolución estará determinado
por el grado en que se extienda al resto de América Latina y más allá.
Esa idea fue entendida por el Che Guevara, cuando dijo que la
revolución cubana sólo se podía salvar creando tres o cuatro Vietnam en
América Latina.
El imperialismo estadounidense es un enemigo poderoso. Tiene
reservas colosales. Pero la Revolución Venezolana tiene reservas
potenciales aún más grandes, el apoyo de millones de trabajadores y
campesinos explotados y oprimidos de América Latina que ven en la
Revolución Bolivariana un rayo de esperanza en la oscuridad. En la
medida que la revolución de pasos adelante, asestando golpes a sus
enemigos y forzando a la oligarquía contrarrevolucionaria y al
imperialismo a pasar a la defensiva, la confianza y militancia de las
masas crecerá en todas partes.
Ya el movimiento revolucionario se está extendiendo a otros
países, como vemos en la elección de Evo Morales en Bolivia, México,
Perú y Ecuador no están muy por detrás. Lo que hace falta es una
dirección audaz, un paso decisivo para erradicar el latifundismo y el
capitalismo en Venezuela de una vez por todas. Una vez se de ese paso,
la llama revolucionaria se extenderá como una bola de fuego de un país
a otro.
Si la revolución bolivariana quiere triunfar, debe extenderse a
otros países, comenzando con una Federación Socialista de Cuba,
Venezuela y Bolivia. Su mensaje pronto se extenderá a otros países,
incluido EEUU, donde el descontento aumenta con las horas.
¡Contra el oportunismo!
¡Contra el sectarismo!
En vísperas de la Segunda Batalla de Santa Inés, la revolución
está en una encrucijada. Las masas, y particularmente la vanguardia,
están comenzando a cansarse de palabras y discursos. Lenin en cierta
ocasión advirtió contra las palabras y la retórica que destruían más de
una revolución. ¡Es el momento de traducir los discursos en acción!
Sólo llevando a cabo una revolución dentro de la revolución se puede
evitar el peligro de la contrarrevolución. Pero esto sólo es posible
sobre la base de una política marxista.
Marx y Engels hace tiempo dijeron que los comunistas no forman un
partido separado y opuesto a los otros partidos de la clase obrera. Los
marxistas son el sector más avanzado del movimiento obrero. Todos los
marxistas revolucionarios deben luchar por unir a las masas alrededor
del programa de la revolución socialista, expresado como una serie de
reivindicaciones transicionales, desde la reivindicación económica,
social y democrática más pequeña, a la conquista del poder. Debemos
luchar por establecer vínculos con las masas de trabajadores,
campesinos y la juventud revolucionario que hoy se encuentran en las
filas del Movimiento Bolivariano.
Nuestra primera tarea es unir a la vanguardia proletaria los
elementos más avanzados de los trabajadores y la juventud alrededor
del programa transicional de la revolución socialista. Pero no debemos
separarnos de las masas de bolivarianos revolucionarios que desean
luchar contra los dos peligros de la contrarrevolución y el
imperialismo. Los compañeros de la Corriente Marxista Revolucionaria
(CMR) han comenzado este trabajo y deben ser apoyados totalmente por
los marxistas de todo el mundo.
Aquellos sectarios que se dedican en todo momento a atacar a
Chávez y dividir el movimiento revolucionario sólo desacreditan el
nombre del marxismo a los ojos de las masas. Marx y Engels, los
fundadores del socialismo científico, explicaron hace tiempo en El
Manifiesto Comunista, que el lugar donde los comunistas deben trabajar
es dentro del movimiento de masas, no fuera de el. Debemos hablar
claramente: fuera del Movimiento Bolivariano (es decir, fuera del
movimiento de las masas en Venezuela) no hay nada.
Los imperialistas y los contrarrevolucionarios comprenden la
importancia del Movimiento Bolivariano y están intentando socavarlo
desde dentro, utilizando la corrupción para crear la quinta columna en
la dirección del movimiento. La lucha contra la contrarrevolución es
por tanto imposible sin una lucha resoluta contra el ala oportunista
del movimiento y los elementos pro-burgueses en la dirección.
La única forma de derrotar la contrarrevolución y llevar a las
masas hacia la transformación socialista de la sociedad es realizando
una lucha decidida contra el ala de derechas del movimiento
bolivariano, echar a los oportunistas, arribistas y burócratas,
transformar el movimiento en un instrumento revolucionario capaz de
dirigir realmente a las masas.
Los mejores dirigentes del movimiento son los que proceden de las
masas y no tienen otro interés excepto defender los intereses de las
masas, no los políticos profesionales ni los burócratas. Exigimos que
los salarios de los dirigentes no superen el de un trabajador
cualificado. Todos los gastos deben ser abiertos a la inspección de la
base y todos los dirigentes deben ser elegidos por la base y sometidos
a revocación.
Para llevar adelante una lucha seria contra el oportunismo y la
burocracia, la vanguardia proletaria debe organizarse. Esta es la tarea
más urgente de los marxistas venezolanos, que deben luchar junto con el
resto del movimiento de masas, intentado asestar golpes al enemigo de
clase, mientras que el mismo tiempo explica a los trabajadores y
campesinos más avanzados el significado de los acontecimientos y
explicar pacientemente el programa del socialismo revolucionario en un
lenguaje que sea accesible para las masas. Esa es la tarea que la CMR,
la sección venezolana de la Corriente Marxista Internacional, tiene
ante sí.
El destino de la revolución venezolana está orgánicamente atado a
las perspectivas de la corriente marxista. Los marxistas se mantendrán
o caerán según su capacidad de penetrar en el movimiento bolivariano y
ganarlo para el programa del socialismo revolucionario. Y el movimiento
bolivariano se mantendrá o caerá según su capacidad de trascender los
límites de la revolución democrático burguesa, expropiar a la
oligarquía y llevar a cabo la revolución socialista, no en palabras
sino en hechos.
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