África

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La agitación en el país africano de Malí se profundizó esta semana después de que un grupo de soldados y oficiales subalternos con base en la capital, Bamako, detuviera al presidente Ibrahim Boubacar Keita, al primer ministro Boubou Cissé y a otros altos funcionarios del gobierno y los obligaran a renunciar.

Las elecciones presidenciales de ayer en Argelia estuvieron marcadas por una campaña de boicot masivo convocada por el movimiento Hirak, que ahora tiene 43 semanas. El boicot había sido precedido por una huelga general de cuatro días y fue particularmente fuerte en la región de la Kabilia. Decenas de miles salieron a las calles de todo el país desafiando la prohibición policial de manifestaciones. Quienquiera que sea el que decidan los generales como nuevo presidente del país, no tendrá legitimidad real.

La gran manifestación del 1 de noviembre marca un punto de inflexión para el movimiento argelino Hirak, que se desarrolla desde hace 37 semanas de forma ininterrumpida. El régimen ha decidido convocar elecciones presidenciales el 12 de diciembre, que las masas han rechazado correctamente. La consigna de una huelga general para detener las elecciones y forzar el derrocamiento del régimen está ganando terreno.

La primera vuelta de las elecciones presidenciales tunecinas del 15 de septiembre, calificada de "insurrección electoral", fue un golpe duro contra todos los partidos que, de un modo u otro, han gobernado el país desde el derrocamiento revolucionario de Ben Ali en 2011. Casi nueve años después y no se ha abordado ninguno de los problemas sociales y económicos que desencadenaron la revolución. Esto se vio a través de una mayor abstención (la participación fue de sólo el 45 por ciento, 18 puntos menos que en 2014) y dos candidatos "ajenos" al establishment que pasaron a la segunda vuelta, a pesar de que uno de ellos fue encarcelado por evasión fiscal durante la campaña.

En la medida que el gobierno de Hong Kong se mantenía inamovible en sus posiciones, con su Jefa de Gobierno Ejecutiva, Carrie Lam, ausente ante la opinión pública durante días, los llamamientos a favor de una huelga general han resurgido en las últimas semanas. Así, una huelga general organizada espontáneamente ha tenido lugar este lunes 5 de agosto, junto con manifestaciones masivas planificadas en siete distritos.

En la noche del 4 de julio se llegó a un acuerdo para compartir el poder entre el Consejo Militar de Transición (TMC), la junta militar actualmente en el poder, y las Fuerzas para la Libertad y el Cambio (FFC), que incluye a los principales dirigentes del movimiento revolucionario que estalló en diciembre pasado. Esto tiene lugar tras la impresionante movilización de un millón de personas el 30 de junio pasado.

Ayer, cientos de miles de trabajadores, campesinos y pobres tomaron las calles por todo Sudán para protestar contra el brutal gobierno de la Junta, organizada en el Consejo Militar Transicional (TMC, por sus siglas en inglés).

El lunes 17 de junio, el ex presidente de Egipto, Mohamed Morsi, se desmayó y murió durante el juicio por espionaje al Estado egipcio. Morsi, que padecía diabetes y enfermedades crónicas del riñón y el hígado, había estado encarcelado desde 2013, cuando su presidencia fue derrocada por uno de los mayores movimientos de masas de la historia de la humanidad.

El número de bajas a manos de las milicias de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) en Sudán, después de la represión de la protesta la semana pasada, alcanza a 113. Pero si los gerifaltes que ordenaron esta carnicería pensaban que sofocarían la revuelta del pueblo sudanés, claramente calcularon mal.

La revolución sudanesa ha sido una inspiración para los trabajadores, las mujeres y los jóvenes de todo el mundo. Las mujeres en particular han revelado un tremendo potencial revolucionario. Todo lo que había de progresista en la sociedad sudanesa emergió para mostrarle al mundo que la sociedad puede ser cambiada. Pero también había un lado más oscuro, que ahora ha levantado su fea cabeza de la manera más brutal posible ¿Por qué está pasando esto?

La destitución del ex dictador de Sudán, Omar A-Bashir, el 11 de abril no supuso el fin de la revolución sudanesa. Por el contrario, lejos de satisfacer las principales demandas de la revolución, la toma del poder por parte del ejército es un intento de desorientar a las masas y robarle sus logros. Sin embargo, las masas no se están dejando arrebatar su victoria tan fácilmente.

Después de casi tres décadas en el poder, Omar al-Bashir fue destituido como presidente de Sudán por las protestas populares. Las masas han salido a las calles en lo que solo se puede describir como un movimiento revolucionario, aunque sin una dirección ni demandas claras. El propio Bashir ha sido arrestado y el ejército lo "mantiene en un lugar seguro".

Los argelinos salieron a celebrar en las calles anoche [2 de abril], después de que el presidente Abdelaziz Buteflika anunciara su renuncia. Esto viene después de un mes y medio de protestas masivas contra su gobierno. Pero su sola salida no resolverá nada, las masas ahora están pidiendo la caída de todo el régimen.