El violento secuestro y desaparición de 43 estudiantes en el estado de Guerrero en septiembre ha sumido a México en una profunda crisis social y política. El caso de los estudiantes de Ayotzinapa ha llevado a las masas a la calle y ha convulsionado la presidencia de Enrique Peña Nieto.

Luego del fallecimiento del presidente Hugo Chávez, la revolución parece encaminada en su encrucijada final, entre un giro radical hacia la profundización de socialismo o la simple liberación del capitalismo de mercado. Sin embargo ciertos elementos enquistados en la dirección del gobierno, quienes durante el mandato de Chávez pasaron desapercibidos con un discurso clasista y radical, ahora parecen haberse quitado la máscara y presionan desde adentro para la liberación de los controles, y del capitalismo.

Han pasado siete semanas desde el ataque de la policía y posterior desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, que fueron entregados a un cártel de la droga. El brutal incidente en la ciudad de Iguala, Guerrero, ha sido la gota que ha colmado el vaso, y que ha provocado una ola de protestas masivas que no para de crecer.

Los trágicos acontecimientos en Iguala contra los estudiantes normalistas de Ayotzinapa han puesto de relieve consideraciones claves para nuestro actuar como jóvenes y trabajadores. De un lado se encuentra la bancarrota del sistema capitalista para poder cumplir cuestiones tan básicas como lo puede ser el vivir en una sociedad sin violencia. No estamos hablando de 43 desaparecidos sino de 45 mil desaparecidos en los últimos 8 años. Los 3 estudiantes recientemente asesinados, y los otros 3 que también sucumbieron la noche del 26 de septiembre, se juntan a los más de 150 mil asesinatos desde el periodo de Calderón a la fecha.

La desaparición y posible ejecución de 43 compañeros de la normal rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero ha desatado una rabia que se ha gestado en el último periodo ante los fraudes electorales, la “guerra” contra el narcotráfico, la pobreza, la miseria y la explotación en el país. La cantidad de asesinados, desaparecidos, las violaciones sistemáticas a derechos humanos y en síntesis, la política de la podrida burguesía nacional, ha desatado un verdadero infierno. 

Hace unos momentos el Procurador de la República Jesús Murillo Karam, basándose en información proveniente de 3 detenidos del grupo criminal Guerreros Unidos quienes confesaron que habían detenido el 26 de septiembre y asesinado a los normalistas de Ayotzinapa,  dio la noticia de que más de 40 personas fueron quemadas en el basurero de Cocutla, Guerrero, por alrededor de 14 horas continuas, algunos de ellos llegaron muertos, otros inconscientes. Sus huesos calcinados fueron arrojados desde una barranca en bolsas de plástico al Rio San Juan. Esta es una noticia triste e indignante. En este país los futuros maestros son asesinados. Podríamos hacer un gran listado de crímenes, este es particularmente indignante, y no queremos que nunca más un suceso como este vuelva a ocurrir. Un sistema que provoca hechos tan abominables como éste, merese ser eliminado.

Con la primera vuelta de las elecciones en Uruguay y la seria hipoteca del candidato del Frente Amplio Vázquez sobre la victoria final, se cierra con el ciclo de comicios de este año en Sudamérica. El sacudón a los equilibrios regionales deseado por un frente conservador que va desde Washington hasta la derecha continental pasando por la CNN y otros medios, puede seguir esperando. La necesidad de un viraje hacia cambios estructurales más profundos no.

Después de cuarenta días de paro, finalmente la SEP y el gobierno federal aceptaron la instalación de la mesa de diálogo en el “Queso”. El encuentro entre las autoridades y los representantes estudiantiles en el primer día ha sido una síntesis de las contradicciones que ha encerrado nuestro movimiento. La impresión es que se avanza pero que sigue sin concretarse nada; se habló sobre el porrismo y la represión y del lado de las autoridades estaba sentado el mismísimo Diódoro Guerra Rodríguez, ex director del IPN conocido por sus vínculos personales con líderes porriles y por su actitud abiertamente represiva; un día presenciamos un diálogo más bien amistoso y al otro día nuevamente la expresión de rabia y repudio de la juventud en las calles. 

La multitudinaria manifestación de ayer (23 de octubre), en donde los cálculos oficiales hablan de 50 mil manifestantes, pero es probable que haya sido 3 o 4 veces mayor que eso, marca un punto de inflexión en los acontecimientos políticos de nuestro país, punto de ruptura que tiene todas el potencial de extenderse como un torbellino por todo el país. Los medios de comunicación hablan de 75 centros educativos paralizaron sus actividades. En más de 18 Estados hubieron manifestaciones de repudio. Esta protesta tuvo un carácter marcadamente juvenil pero con presencia de organizaciones de masas como la CNTE, el SME, sindicatos universitarios y las bases de Morena.

Los horribles incidentes en los que oficiales de la policía abrieron fuego a estudiantes, matando a 6, hiriendo a 17 y después secuestrando a otros 43, atribuyéndoselos al crimen organizado, es una muestra contundente de la corrupción del estado capitalista mexicano. Estos hechos han demostrado hasta que punto sus estructuras están unidas con estos carteles y, finalmente, cómo no se detienen ante nada para eliminar a cualquier persona que se manifieste en contra de sus intereses.

Las organizaciones abajo firmantes nos solidarizamos con el llamado de los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa y de la Asamblea Nacional Popular a una jornada de lucha el 22 de octubre y la hacemos extensiva a nivel internacional. Llamamos a convocar acciones en las embajadas y consulados de México en todo el mundo ese día.

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