El pasado viernes 15 de marzo, millones de argelinos salieron a las calles por cuarto viernes consecutivo para protestar contra el régimen de Abdelaziz Buteflika. Según las primeras valoraciones, las protestas fueron incluso más grandes que las masivas protestas que sacudieron al régimen el viernes pasado (8 de marzo). Acostumbrados a haber cometido sus crímenes con total impunidad, el régimen se ha dado cuenta de que las masas revolucionarias no se rendirán fácilmente.

Ayer por la noche, las calles de Argelia estallaron de alegría después del anuncio de que el odiado y eterno dictador se retiraba de las elecciones presidenciales programadas para abril. "¡No hay quinto mandato para Buteflika!" era el grito que agrupa a las masas desde hace semanas. Ahora parece que han logrado su objetivo.

Mientras escribimos estas líneas, el imperio Zuma-Gupta se está desmoronando. En uno de los días más dramáticos de los últimos tiempos en la política sudafricana, Jacob Zuma -y sus amigos, los hermanos Gupta- están siendo purgados por un ala rival de la clase dominante. La purga es el signo más enfático de que las dos facciones rivales ya no pueden cohabitar.

Nota: este artículo fue publicado poco antes de que Mugabe anunciara su renuncia.

"No olvidemos que esta guerra se libra en nuestro nombre, nosotros, los trabajadores marroquíes, los campesinos y los jóvenes, no olvidemos que las Fuerzas Armadas Reales han estado involucradas en un montón de bombardeos y vandalismo desde el primer día de su lanzamiento. El régimen participa oficialmente con 6 aviones de combate y 1.500 soldados. El número real es ciertamente mucho más alto. "

El miércoles 9 de diciembre, el gobierno de Sudáfrica quedó expuesto a una nueva crisis cuando el presidente Jacob Zuma despidió inesperadamente a  su ministro de Finanzas, Nhlanhla Nene, y lo reemplazó con David van Rooyen, un diputado del CNA (Congreso Nacional Africano) poco conocido. Esta decisión fue tan inesperada que ni el CNA ni los miembros de su propio gabinete fueron conscientes de ello. Los acontecimientos de los cuatro días siguientes, una vez más sacudieron al país hasta sus cimientos y marcó el comienzo de una nueva etapa en la lucha de clases.

El viernes 23 de octubre, el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, anunció que no habrá aumentos de las matrículas universitarias de los estudiantes para el próximo año. Este fue un claro intento por parte del gobierno para contener un movimiento que se ha hecho demasiado grande para poder ser controlado.

En los últimos días, los acontecimientos en Burkina Faso se han transformado vertiginosamente. A sólo unas semanas de celebrar elecciones presidenciales, el ala más reaccionaria del régimen, el Regimiento de Seguridad Presidencial (RSP), derrocó al gobierno de transición con un golpe de Estado. El supuesto período de transición que vivía el país ha quedado interrumpido y ha dejado al régimen sumido en un verdadero caos.

La reaparición de la violencia brutal contra los inmigrantes africanos, principalmente en algunas partes de Sudáfrica en la última semana, ha vuelto a destacar como centro de atención el empeoramiento de la situación que está desarrollándose en el país. Estos ataques reaccionarios van contra toda la esencia de la historia del movimiento obrero sudafricano, que nació principalmente de la necesidad de combatir este tipo de violencia y discriminación racista y xenófoba, para unir a todas las capas oprimidas de la sociedad bajo el paraguas de la solidaridad obrera.

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